Er Llano

21 DE JULIO, DÍA DE LA INDEPENDENCIA ANDALUZA. “Ha llegado la hora de caminar hacia nuestra libertad”

El 21 de Julio de 1873 es proclamada formalmente la independencia de nuestra Nación. Reunidos a tal fin en la frontera natural de nuestro país, los representantes de los cantones andaluces firmaron y dieron a conocer el Manifiesto de los Federales Andaluces, en el que declaraban solemnemente: “Si el pueblo soberano quiere ejercer su Soberanía, ¿cómo, con qué derecho, esta Asamblea (Parlamento de Madrid) y este gobierno (el español) se oponen a la inmediata constitución de los Estados y a la consiguiente proclamación de su independencia administrativa y económica? (…) En Despeñaperros, histórico e inexpugnable baluarte de la libertad, se enarboló ayer, por las fuerzas federales que mandan los que suscriben, la bandera de independencia del Estado Andaluz. Terminemos, pues, nuestra obra. Completemos la regeneración social y política de esta tierra clásica de la libertad y de la independencia”.

El españolismo había fracasado en sus propósitos de encadenar nuestra voluntad y de acabar con nuestra conciencia de pueblo. Tras más de seiscientos años de ocupación y represión, de genocidas políticas de exterminio físico y condicionamiento psicológico colonialista frente a la heroica resistencia ofrecida ante el invasor se nuestra nación, el ladrón de nuestras riquezas y el explotador de nuestro trabajo, aún había andaluces en pie por su tierra y por su libertad. Eran los mismos que en 1883 elaborarían una Constitución que afirmaba: “Andalucía es soberana y autónoma; se organiza en una democracia republicana representativa, y no recibe su poder de ninguna otra autoridad exterior”. Eran los herederos del espíritu de todos los andaluces que se levantaron y no se rindieron. Aquel espíritu que resumió Blas Infante en 1931 afirmando: “Nosotros aspirábamos y aspiramos y seguiremos aspirando a la elaboración de un Estado Libre en Andalucía”. El que hizo que muriese gritando ¡Viva Andalucía libre!

Ese histórico llamamiento a la “regeneración social y política de esta tierra clásica de la libertad y de la independencia”, a través del ejercicio de su soberanía por nuestro pueblo, de la “independencia administrativa y económica” mediante el restablecimiento de un Estado Andaluz, conserva hoy la misma validez de hace 137 años, señalando los orígenes de nuestra problemática colectiva y subrayando la única alternativa real a la situación. La historia de Andalucía en los últimos treinta y cinco años es la previsible e incuestionable crónica de un fracaso. Décadas de “monarquía constitucional” y “autonomía de primera” han demostrado que el “Estado de las autonomías” no es ni puede ser un instrumento útil para acabar con el “atraso secular” andaluz, si solo para perpetuarlo. El origen de nuestra situación no está en un problema de gobernación, legislación o financiación. No radica o depende del grado o cantidad de “competencias delegadas”, en como o quien las gestiona y en como o quien nos dirige. No se debe a circunstancias de carácter coyuntural u ocasional sino estructural e irresoluble. Su raíz está en el hecho de conformar una colonia interior, en nuestra permanencia obligada en un estado de dependencia nacional y económica, de carencia de libertad colectiva. Los andaluces somos un pueblo negado que habita una nación ocupada y sojuzgada.

En primer lugar, ante todo y por encima de todo, la libertad. Esa es la premisa que han mantenido todos los movimientos revolucionarios y patrióticos allí donde un pueblo se ha encontrado en circunstancias semejantes a las nuestras. La concienciación de la población, las estrategias de no colaboración con el ocupante y las tácticas de lucha de resistencia y de liberación frente al colonizador, han sido siempre las formulas escogidas. Y lo han sido no solo por una cuestión de principios, sino desde posiciones eminentemente prácticas. Sin libertad nada es posible. La libertad no es consecuencia ni la meta de ningún proceso democrático y/o transformador, sino su punto de partida. Mientras el Pueblo Trabajador Andaluz no sea dueño de sí, mientras no tenga en sus exclusivas manos el control de su destino, la autogestión de su presente y su futuro, cualquier otra medida propugnada en el sentido de solventar problemáticas será inútil y condenada al fracaso. Esa es la razón de que aquellos andaluces estableciesen como premisa previa del cambio, como método de “regeneración social y política”, el restablecimiento de la soberanía popular, de nuestra “independencia administrativa y económica”. Blas Infante era también conciente de ello, por eso definía la Andalucía libre, como una “Andalucía soberana constituida en democracia republicana”.

El tiempo está dando la razón a los que manteníamos que no vivíamos en un régimen democrático-burgués homologable, sino en un continuismo neo-franquista al servicio de los intereses del capitalismo imperialista español. El estado de democracia parcial y vigilada, de negación y opresión de pueblos, en que se conformó desde la “transición”, muestra, cada vez más a las claras, sus límites y limitaciones, inmerso en un estado de marcado involucionismo, con un evidente aumento de las políticas represivas y de restricción de los ya de por sí escasos derechos y libertades concedidas. Leyes como la de partidos o la de inmigración, normativas negadoras del pleno y libre ejercicio de derechos fundamentales como los de de expresión, manifestación o representación electoral, la existencia de tribunales políticos, las medidas cercenadoras de conquistas laborales, la servidumbre de los gobiernos centrales, autonómicos y locales ante las órdenes del FMI, las resoluciones de reafirmación españolista del TC en contra de un coherente reconocimiento de los pueblos y del respeto a su voluntad, etc., muestran inequívocamente la imposibilidad de avanzar hacia formulas progresistas y sociales, o hacia grados de democracia y autonomía efectiva, dentro del “marco constitucional”. En este contexto, además, nuestro pueblo sufre el añadido de las consecuencias derivadas de la situación inducida de alienación colectiva, adocenamiento cultural, conformismo y desesperanza social, así como del padecimiento de los resultados de una crisis provocada que se ceba especialmente con nuestra clase obrera, como ocurre siempre en etapas de recesión financiera y comercial capitalista en territorios de subdesarrollo forzado, de economía neocolonialista extractiva y desestructurada.

Hoy, como hace 137 años, no hay otra alternativa global y real para nuestro pueblo que batallar por su soberanía. Ha llegado la hora de caminar hacia nuestra libertad. Sobre las distintas sensibilidades de la izquierda nacional andaluza recae el deber ineludible para con él de encabezar la marcha. La obligación de mostrarles la realidad y señalarles la única solución radical y transformadora de la misma. Ha llegado el momento de asumir esa responsabilidad. De ser consecuentes con nuestros ideales y, como ya hicieron nuestros antepasados, levantar la bandera de nuestros derechos inalienables como pueblo, la bandera de nuestra libertad nacional y social. Ha llegado la hora de dar los primeros pasos firmes y decididos hacia la liberación de Andalucía. Si somos incapaces de cumplimentar ese papel habremos traicionado a las clases populares a las que nos debemos. En el día de nuestra independencia, desde Nación Andaluza hacemos un llamamiento a la responsabilidad a las organizaciones políticas y sociales de la izquierda anticapitalista y soberanista andaluza, a anteponer intereses generales a los particulares, al encuentro y al diálogo, a la acumulación de fuerzas y a la suma de esfuerzos, a la unidad de acción, comenzando juntos el combate común por un Pueblo Trabajador Andaluz libre. Como decía el Manifiesto de Despeñaperros, “todos tenemos el mismo pensamiento: tengamos todos el mismo corazón”.

¡Por Andalucía libre y socialista!

Nación Andaluza – Comisión Permanente

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